viernes, 31 de mayo de 2013

¡Y que tiemblen los hashtags!

Hay una vieja frase de parte de la familia de mi padre que quisiera compartirles con motivo de esta columna: “hay ocasiones en que no sabes si reír o llorar, en esos casos mejor llora de la risa”. Precisamente hoy tuve que ver aplicada aquella frase al leer los titulares de este día, para agraviar el coraje, la nota a la que les hago mención ni siquiera estaba entre las más importantes del día. El enlace se los dejo a continuación: (http://www.eluniversal.com.mx/notas/926697.html).

 El Congreso local de Nuevo León había recién aprobado una modificación al artículo 345 del Código Penal de estado, en donde será acusado-y cito textualmente- aquél que: “utilice cualquier medio electrónico para difundir, revelar, ceder o transmitir una o más imágenes, grabaciones audiovisuales o texto para causarle a una o varias personas deshonra, descrédito, perjuicio o exponerla al desprecio de alguien”. ¡Vaya cosa!

Para entender esto en cristiano, como también diría mi padre, se puede decir que a partir de esta legislación, cualquier ciudadano- dígase autoridad, político, civil, etc.- que se sienta calumniado, ofendido o humillado mediante los distintos medios electrónicos (que en forma instantánea podemos asociar con las redes sociales) puede proceder a una instancia legal.

 A esta acción del Congreso neoleonés no le podría encontrar un calificativo diferente a “censura”. Habrá que pensar a fondo las distintas situaciones que esto puede llevar a futuros próximos. Por mi parte, y lo digo sinceramente, muero de ganas para ver de qué forma se intentará proceder con dicha tipificación a la que no le veo mayor futuro. No miento. Quisiera verme sorprendido y observar de forma incrédula hasta qué punto puede llegar la originalidad en criterio de las autoridades en el futuro bajo este esquema.

 Lo que acaba de suceder en Nuevo León pareciera paradójico ante el papel tan importante que han venido a jugar las redes sociales ya como un fuerte contrapeso en relación a los excesos de la clase política mexicana. ¿Qué sería ya de nuestra realidad cotidiana sin nuestros ingeniosos trolls, memes, hashtags? ¿Quién más se ha convertido en el más duro enemigo de los famosos “juniores” y el fenómeno del “mirreynato”? ¿Cuántas situaciones no nos han sido informadas primero mediante el valeroso tuit de algún ciudadano?

 No es para menos que saque esto al aire, pues estudios recientes muestran que el tuitero mexicano tiene mucha mayor presencia en asuntos de política que el estadounidense, información que coincide con un artículo de opinión de semanas pasadas de la revista The Economist al tratar el caso de #LadyProfeco. (http://www.economist.com/blogs/americasview/2013/05/mexicos-cosseted-elite)

 Las redes sociales, continúo, han sido la figura representativa de un sector importante de la sociedad que ha repelido el fuego cruzado de los agravios de aquellos que en años pasados podían hacer y deshacer sin temor a nada. Más allá de ser también el instrumento de muchos que aprovechan el anonimato para insultar sin razones sustanciales, el regular lo que se pueda decir o no hace alusión a una práctica retrógrada y autoritaria.

Repito, ¿con qué criterio humano se podrá decir que algún material compartido en las redes tiene elementos prejuiciosos? ¿Decirle berrinchuda a la #LadySenadora me hará acreedor a una indemnización? Es pregunta abierta. ¿Haber tuiteado en #SATHázmeUnParo por enterarme de la condonación millonaria a Televisa me atraería problemas? ¿Qué pasa si comparto con mis amistades en Facebook las fotos del Lamborghini o los viajes hollywoodenses de los hijos de Romero Deschamps? ¿Qué pasaría? ¿Y si no estuve de acuerdo con el trato preferencial de Miguel Ángel Mancera a Laura Zapata? ¿Qué procede si algún familiar de ella se siente ofendido?

 Tarea mesiánica y utópica es querer encontrar en el criterio falible de una autoridad humana, y enfatizo lo último...humana, el límite exacto entre la libertad y el libertinaje. Es precisamente ese punto el que ha causado la subjetividad y las enormes lagunas de la Ley.

 Como era de esperarse, las reacciones tanto de los ‘tuiteros’ como los ‘facebookeros’ no podían faltar junto a la irreverencia que tan bien les caracteriza. Es muy cierto pues, el dicho que expresa que: “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Lejos de hacer temblar a los criminales que han tomado- ya incluso en algunos puntos de la entidad- tintes de caciquismos y gobiernos paralelos, pareciera que se intenta hacer temblar a los hashtags. Error rotundo de quienes dicen representar al pueblo. Abiertamente hago la pregunta: ¿qué diría entonces el pueblo sobre esto?

1 comentario:

  1. Lo que dices (en cuanto a la tarea de poner en práctica esta modificación) me hace pensar en dos cosas: la primera, la pena de ver que nuestros mismos funcionarios públicos en lugar de velar por nuestros derechos, sean ellos mismos quienes los suprimen.
    La segunda: El evidente poco trabajo y esfuerzo por crear este tipo de modificaciones y demás sin ningún tipo de cuidado, sin prever de manera correcta la forma en que se llevará del papel a la práctica, ¿Por qué entonces debe de haber tantos puestos en las funciones públicas? Si siguen saliendo cosas como estas.
    En mi opinión todo dependerá de que tan fácil se ofenda el "agredido" y de cuanta influencia y escándalo pueda infundir.
    Ir por esta vía, como lo son las leyes, para acallar al pueblo, me parece bastante lamentable, pero lo veo como una oportunidad, la oportunidad de demostrar que como pueblo, el pueblo mexicano, no permitiremos que nos callen otra vez, esto podría abrir la brecha que haga ver a los demás estados, a la república entera, que si de enmudecernos mediante acciones como esta es lo que pretende el gobierno, entran que esforzarse más con ello.
    No lo digo de una manera positiva, porque bien podrían usar todo ese tiempo para tratar cuestiones de mayor urgencia, más hablando del estado de Nuevo León.
    Si quieren que ya no haya quejas ni burlas, en lugar de callarnos, mejor sería ponerse a hacer su trabajo.

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