“No llores como oposición lo que no lograste como gobierno”.
Las jaibas
Rescato una alegoría de mi maestra de historia en secundaria,
a fin de establecer mi punto sobre qué sucede con el Partido Acción Nacional. Se
pueden apreciar dos cubetas llenas de agua de la llave. Dentro de cada cubeta
se encuentran dos jaibas. Sin ser un experto en biología marina, se entiende
que al paso del tiempo las jaibas estarían en situación crítica, ya sea por
falta de comida o por no contar con agua salada.
En la primera cubeta se observa cómo una jaiba apoyándose de
forma poco ortodoxa de la tenaza de la otra, clava su propia tenaza al borde de
la cubeta que da con el exterior, una vez sujetada estira su otra extremidad a
fin de sujetar a su compañera de cautiverio y así lograr que salga avante junto
a ella. Éstas se salvan. Mientras tanto en la otra cubeta, se ve una lucha
descomunal entre los dos moluscos para ver quién es apto de lograr la
supervivencia…como es de esperarse (con el perdón de los niños que nos estarán
leyendo), éstas dos últimas mueren a falta de comida y agua salada.
¿Cómo aterrizar esto con la situación actual del panismo? He
venido escuchando y leyendo en las últimas semanas misa y más misa sobre los
cuándos, quiénes y por qués de la debacle del partido albiazul. He pasado por las duras críticas (sin
autocrítica) de Juan Ignacio Zavala en Milenio (http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9181030) , la ‘perredización’ del partido
atribuible al artículo de Germán Martínez Cázares en Reforma (www.reforma.com/editoriales/nacional/693/1384756), el
#TodoEsCulpaDeCalderón de los maderistas y el #TodoEsCulpaDeMadero de los
calderonistas.
Me causó mucha gracia, que fue precisamente leyendo el
diagnóstico de los correligionarios al partido, que entendí o más bien,
confirmé mi hipótesis en respuesta a las preguntas que aludí al principio. El
enemigo más grande que tuvo el PAN fue el PAN.
Para proyectar este postulado que tal vez raye de
surrealista, para aquellos que no puedan llegar a entenderlo. Preferiría
primero irme al escenario que llevó a que sucediera lo que comento en el
párrafo anterior.
Origen y debacle
Seré fuerte y claro para mencionar el génesis del problema:
la alternancia en Los Pinos. Sin temerle a la crítica que esto atraiga, es
evidente que fue a partir de la famosa ‘transición’ cuando los problemas
empezaron a crecer de forma exponencial. La crisis del PAN tiene un origen, un
ascenso y hasta lo que ahora vemos, un clímax en busca de llegar a un descenso,
para así culminar en un posible final. Esto, es algo que a todo el sistema
político de partidos le convendría. (Dígase homeostasis del sistema de
partidos).
Es un error rotundo limitar el espíritu del análisis y la
deliberación al señalar que todo el problema se le puede atribuir a la
presidencia de Gustavo Madero en el CEN de Acción Nacional, que ha sido lo que
se viene manejando desde la escandalosa derrota en los pasados comicios del
2012. No encuentro yo hasta el momento cosa más incierta que la podredumbre de
aquél análisis. Entiéndase que la falta de liderazgo y habilidad de
conciliación de Madero no viene a ser una causa sino una consecuencia de una
serie de tropiezos tanto al interior como al exterior de Acción Nacional, desde
la llegada del partido de derecha al Ejecutivo.
EL efecto dominó
Llamo a esta serie de desaires como el ‘efecto dominó del
PAN’: la repetición de malas decisiones y el desgaste en la percepción positiva
del electorado que logra concebir un resultado final perjudicial. Podemos
dividir entonces a la situación en dos partes: las exógenas y las endógenas.
Dentro del primer grupo queda claro que se resume de forma inmediata a los
gobiernos en manos del partido tanto a nivel federal, estatal y municipal en
los últimos doce años. Las oportunidades perdidas en palabras de Denise Dresser
(en referencia al gobierno foxista en específico). Se podría abarcar sobre
estos temas más a fondo. Porque también soy de la idea de que no todo es
negativo y se debe de evitar al nihilismo generalizado de muchos analistas.
Pero al no ser ésa la labor de mi escrito, puedo entonces resumir esto de la
siguiente manera: un fracaso y una decepción generalizada en la población ante
el cambio de poderes en la residencia oficial de Los Pinos como el factor
externo de mayor peso.
Un suspiro nacional, al creer y depositar esperanzas
intangibles- tal vez a desmedida- en quienes iban a terminar con todos los
males de la clase política en el poder. Lejos de lograr el acometido, muchos
coinciden-coincidimos- en que se terminaron por emular las viejas prácticas que
fueron una constante durante el régimen de partido único. Esto sumado al
terror, las lágrimas, la impotencia y la tristeza que se vivieron en muchos
puntos de la República amén de la fallida estrategia de seguridad del pasado
sexenio.
Seis años de un empecinamiento grosero ante una política que a todas
luces no sólo causaba lo que comenté líneas arriba, sino que también-visto
desde el ámbito electoral- era un suicidio político. Lo que se vio reflejado en elecciones
intermedias y federales donde en ambas a
mi parecer, el gran perdedor fue Acción Nacional.
En cuanto a las causas endógenas (internas), la marcada
fracción del partido fue el título del capítulo. Un intervencionismo
presidencial grosero en las decisiones internas, en donde quienes consensaban
eran los aliados y quienes no lo hacían eran enemigos que buscaban sólo lo peor
tanto para la institución política como para México. Situaciones grotescas como
abucheos orquestados a presidentes disidentes y designaciones para el mismo
cargo (caso Germán Martínez y César Nava) ordenadas desde la silla
presidencial, a fin de equilibrar la balanza de ‘buenos y malos’. Malas elecciones
de candidatos, que poco tienen que ver con los principios de Gómez Morín, el
Grupo Tlanepantla en Edomex donde se pudo cocinar la elección de un presidente
estatal que se dijo ser fanático de Adolfo Hitler, un padrón que se infló al
más viejo estilo de un partido de masa, la compra de candidatos, alejarse del
espíritu ciudadano, etc.
Todo esto, repito, causó un ambiente interno que engendró a
la división. Esa añeja y falsa idea de que en la política hay buenos y malos.
De que ante la divergencia no se puede encontrar una oportunidad de diálogo
constructivo, que se debe imponer una idea sobre la otra a fin de haber
ganadores y perdedores. Ésta ha sido la novela de nunca acabar entre los dos
grupos a los que hago mención: los calderonistas y los maderistas.
Se entiende el enojo de quienes señalan que a partir de la
victoria de Gustavo Madero como presidente del partido, se veía la oportunidad
única de conciliación, de fumar la pipa de la paz por el bien del partido.
Buscar la autocrítica del grupo calderonista y
fomentar la tolerancia de los anticalderonistas. Pero se optó por
dinamitar aún más la segmentación. Adoptar posturas de defensa inmediata,
“cobrárselas” al grupo contrario, destituir a quienes no comparten opiniones,
imponer políticas internas, suscribir pactos sin preguntar la opinión de la
militancia (al menos no al grupo ajeno al presidente Madero), mentar madres, no
asistir de manera deliberada a reuniones programadas. Infantil actitud de las
dos partes que viene a incentivar más problemas que soluciones.
“Ni Calderón ni Madero, el PAN es primero”
Ante la
efervescencia en las pugnas dentro del partido, nace el grito desangelado de
cinco ex gobernadores panistas (http://www.adnpolitico.com/gobierno/2013/05/20/5-exgobernadores-del-pan-reprochan-actitud-a-gustavo-madero),
bajo el lema de “ni Calderón ni Madero, el PAN es primero”, que a mi parecer es
sumamente atractivo e ingenioso dada la situación actual. Este grupo, y cito lo
que ellos mismos han expuesto de manera repetitiva al ser cuestionados sobre el
tema, no buscan ser una tercera fuerza o corriente dentro del PAN. Surge en
medio de la tempestad un alarido en busca de la conciliación. Causó mi sorpresa
la primera vez que escuché sobre esto, anexo a continuación la entrevista de
Ernesto Ruffo(integrante del grupo citado) con Ciro Gómez Leyva en Radio
Fórmula. (http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=315974)
Tan usada en
el lenguaje coloquial de la política pero tan poco llevada a la práctica: la conciliación.
Los suscritores a esta tercera figura, no buscan nada más que eso: que las dos
partes busquen el beneplácito del partido por medio del diálogo y no la
agresión que ha llevado a perder la confianza tanto de la población como de los
mismos militantes -artículo: 80% de la militancia abandona al PAN (http://eleconomista.com.mx/sociedad/2013/02/07/cae-padron-pan-80-ciento)-
lo que da crédito a lo que he venido manejando.
Josefina para presidenta…del partido
Josefina para presidenta…del partido
A manera de
aleación, veo con buenos ojos a la figura de Josefina Vázquez Mota como
presidenta del partido con la catapulta que pueda significar el grupo de los
conciliadores. Todos fuimos testigos de los agravios que lleva consigo la querella
interna en pleno proceso electoral. Fue precisamente Josefina quien pagó los
platos rotos del efecto dominó panista, fue ella quien tuvo que competir
internamente como precandidata con el pez gordo del entonces presidente Felipe
Calderón, Ernesto Cordero, y un hombre al que se le puede atribuir de todo
menos de amigo de Calderón Hinojosa, Santiago Creel. ¿No fue Josefina quien le
abrió los brazos a ambos en su campaña? ¿Quién más navegó contra corriente
durante los tres meses de proselitismo?
Vázquez Mota al pagar el precio del
desastre panista, recibió las lecciones básicas de qué no se debe hacer en un
partido político, y menos cuando hay elecciones de por medio. Es por eso que la
combinación de circunstancias, que de manera paradójica han sido todas
negativas, pueden ser una palanca de oportunidad para la reconstrucción.
Futuro inmediato
Sin ser afín
de los principios que adoctrinan y rigen al partido, soy consciente que el
desbalance del PAN no resulta positivo ni para la democracia mexicana, la
ciudadanía en su generalidad así como el sistema de partidos (homeostasis del
sistema). Proyectados a la analogía de las jaibas, se deberán sumergir muy
profundamente al análisis autocrítico, aquellos panistas que digan defender a
ultranza las bases que dieron nacimiento al partido. Detener el efecto dominó.
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