Después de un tiempo de silencio y reflexión, quiero a
través de estas líneas, plasmar mi postura con respecto a los hechos ocurridos
el 26 y 27 de septiembre en las localidades de Iguala y Cocula en el estado de
Guerrero. Del mismo modo, quisiera poder convencer al lector sobre los puntos
fundamentales en el círculo de la discusión con el fin de que el debate sea a
toda suerte, más sano y consciente. Para esto, quisiera refutar punto por punto
las cosas que he ido oyendo (todas negativas, obviamente) en mis círculos
cercanos así como en la prensa a partir de estos abominables hechos.
1) Los 43 normalistas
son unos criminales, se lo buscaron: me
parece que esta es de las cosas más tristes que han llegado a mis oídos en las
últimas siete semanas. No sólo por la pobreza semántica e incluso analítica del
comentario, sino por el carácter inhumano que la cubre. En primer lugar: ¿y qué
si sí? ¿Eso justifica todo lo posterior? Y si a tal caso, no lo justifica
entonces ¿qué valor agregado da hacer el comentario? Y si sí lo justifica (me
aterroriza si hay quien lo acepta de por medio) ¿al diablo entonces con el
debido proceso y las garantías individuales? No señores, no hay que confundirnos.
Así los estudiantes de Ayotzinapa sean mártires de la Iglesia Católica o no,
son 43 vidas, 43 historias, 43 hijos que tienen en calvario eterno a sus
familiares. No entiendo qué se busca generar con comentarios de tal naturaleza.
¡No hay que indignarnos! Ellos son “menos personas”. ¿O entonces cómo? Por el
otro lado: decir que los desaparecidos –porque ese es el estatus legal que
tienen y qué bueno que así sea- se buscaron su propia desgracia es de antemano
ceder ante la descomposición del sistema judicial. Por poner un
contraargumento: ¿una mujer con mini falda busca ser violada?
Independientemente de lo corta o no que sea su prenda, el violador cometerá su
crimen por su naturaleza misma de depravación. ¡De igual manera pudo ser una
monja! El valor simbólico que han ganado los estudiantes de Ayotzinapa nace de
la empatía social, del hartazgo de la población ante las autoridades que alguna
vez juraron defendernos. Pudieron ser alumnos de la Universidad Autónoma de
Tamaulipas o de Universidad de las Américas Puebla. Eso es lo de menos, el foco
es que esos 43 jóvenes nunca debieron desaparecer, independientemente de todo lo
que aconteció antes de su desaparición. Punto final.
2) Es populista decir
que fue el Estado, desvía la atención hacia el PRD (seguramente es estrategia
de los seguidores de Andrés Manuel): comienzo
con la primera parte del enunciado: ¡sí fue el Estado! Si el lector todavía
duda de esta aseveración, recomiendo que intente replantear sus conceptos.
Coincido, eso sí, en que es mezquino direccionar inmediatamente el índice sobre
Enrique Peña Nieto. Pero en todo caso, considero que existe la misma mezquindad
en que, y aquí ya abordo la segunda parte, se minimice al absurdo este
acontecimiento a una escala partidista (fue culpa del PRD) o todavía peor: “fue
un hecho aislado en un municipio”. ¡Qué irresponsabilidad es esa! Hay que
entender que la salvaguarda de la ciudadanía recae exclusivamente en el Estado,
y es el mismo quien debe hacer cumplir lo anterior. Supongo que todos
coincidimos en esto. De la misma manera, al existir entonces toda una
estructura podrida desde las bases hasta la punta del iceberg (el municipio de Iguala)
y que de manera sistémica se omitan cada
uno de los imperfectos que incentivan este estado de descomposición ¿no es
entonces omisión del Estado? Si aún así no he cumplido con mi trabajo de
convencimiento, iré entonces a los ejemplos prácticos: según datos de la
Comisión Nacional de Derechos Humanos, en nuestro país –desde el sexenio pasado-
hay poco más de 24,000 desaparecidos. Esto es un dato escalofriante porque
precisamente, se hablan de 24,000 personas en las que no se sabe en donde
diablos están. Para hacer esto todavía más bizarro: de esas poco más de 24,000
desapariciones, 2 mil 800 son desapariciones forzadas. Esto quiere decir que en
esos casos hubo una participación directa de agentes del Estado (dígase
Ejército, policía municipal, estatal o federal entre otros tantos ejemplos). De la misma manera,
por definición, una desaparición forzada sólo la puede cometer el Estado, esto
con fundamento en los artículos l y ll de la Convención Interamericana Sobre
Desapariciones Forzadas de Personas; ésta fue suscrita a nombre del entonces
presidente Vicente Fox en la ciudad de
Belém, Brasil y aprobada por el Senado
de la República para posteriormente ser publicada en el Diario Oficial de la
Federación el 18 de enero del 2002.
¿Más? ¿Qué les parece omisión? Omisión en todos los
órdenes, al desatender la realidad en Guerrero. De acuerdo con datos
proporcionados por el académico del ITAM, José Merino: en este año todas las
estadísticas mostraban que Guerrero iba a ser el (y posiblemente será) estado con
índices de criminalidad más altos y que dentro de Guerrero el municipio con
peores indicadores es Iguala. Esto evidencia: 1) que hubo una desatención hacia
Guerrero y 2) de no tratarse de desatención se hablaría de omisión. Quiero ahondar un poco más en esto para ser
todavía más concreto: opto de manera rotunda con la opción 2). Diversos
integrantes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG)
una organización popular de policías comunitarias, habían alertado una y otra
vez a las instancias federales sobre la colusión de varias alcaldías con el
grupo criminal Guerreros Unidos, uno de los nombres que salían a la luz eran
los de José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda. Los
señalamientos llegaron hasta la Secretaría de Gobernación, cuando en 2013, un
integrante de la UPOEG de nombre Bruno Plácido Valerio presentó un informe
detallado sobre la situación. A partir de ello se creó la Comisión para la
Armonía y Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Lo que sucedió posteriormente lo
dejo en las propias palabras de Plácido Valerio: “(el proyecto) fue abortado
por los gobiernos federal y estatal. Gobernación dejó de enviar a su
representante (…)”.
En cuanto a López Obrador…cabe señalar que él dejó el PRD
después de las elecciones del 2012. Pequeño detalle…
3) Ahora hay manifestaciones por todos lados y
además ¡son violentas!
Ha habido muchas manifestaciones y protestas a partir de
los hechos que ya todos conocemos, ¿y? ¿Es eso un argumento o un berrinche? La
protesta es y siempre será la máxima expresión de un pueblo en desacuerdo con
determinada situación. A mí en lo personal me espantaría que hechos igual de
terribles como los de Iguala no generen protestas. ¡Me decepcionaría de la
ciudadanía! Siguiendo la lógica del berrinche, quisiera transportarme en el
tiempo y ver a un homólogo de los críticos que usan esa bandera, seguramente
escucharía algo como esto: “estoy harto de los negros, todos los días están
saliendo a las calles a protestar por sus derechos ¡estoy indignado! ¡Dejen de
hablar de ese tal Luther King!”. Aunque el ejemplo les pueda parecer absurdo,
no dista mucho de la naturaleza misma del berrinche antes mencionado. El tema,
insisto, es y será siempre bienvenido para la discusión, pero siempre y cuando
su naturaleza misma no sea la que se negocie porque hay que entenderlo y
tatuarlo en nuestra mente: protestar es y siempre será un derecho. Los cómos
son matices que nacen a partir de una generalidad que es el derecho mismo. ¡Ahí
sí! Estoy a sus órdenes para debatir, de eso se trata la democracia.
En el segundo punto, el que va con respecto a la
violencia. Siempre al hablar de estos temas, recurro a una anécdota histórica
que me parece fascinante. Es de esas frases que quedan olvidadas en los
pasillos de nuestra historia pero deberían ser desenpolvadas. “Si en una
reunión de amigos, hay un borracho ¿la reunión es de borrachos?”. Esas
elocuentes y muy bien planteadas palabras las hizo en el Congreso Constituyente
de 1917 un diputado poblano (me disculpo por omitir el nombre por ahora).
Entonces me permitiría preguntarles: si en una manifestación hay un pequeño
grupo de vándalos –y qué raro que siempre tienen cubierto el rostro, en fin-
genera actos de violencia. ¿La protesta fue violenta o ellos lo fueron? Creo
que la respuesta es contundente, al menos claro, que quien se oponga a ella lo
haga con una carga de fanatismo desbordado hacia la sumisión del pueblo y que
éste jamás se indigne. ¿Por qué la descarga de furia va en contra de las
manifestaciones per se? ¿Por qué se concentra la cólera hacia quienes hemos
salido pacíficamente a las calles y no en concreto con esa minoría aislada?
No suelo ser tan cruel con quienes tienen ese tipo de
posicionamientos, a lo largo de mi corta experiencia he podido hacer un
análisis de quienes caen en estas actitudes y –por lo que he visto- lo atribuyo
a tres razones:
a) Son gente con todas las comodidades económicas posibles,
que ante la injusticia tienen como posibilidad la contratación de un buen
abogado o el número a la mano de una ‘palanca’ como se le llama en el argot
popular a una de las esferas de la corrupción y por todo lo anterior, no se
explican el método de la protesta.
b) Han sido mal
influenciados por la línea editorial de la mayoría de los medios masivos de
comunicación, que hay que decirlo, es de corte conservadora cuando se trata de
cuestiones sociales. ¿Acaso no es más común ver en los noticieros las imágenes
de la CETEG destruyendo edificios en Guerrero que la gente en las banquetas aplaudiéndoles
a los estudiantes manifestantes que pasan por las calles del centro? (Esto es
verídico). Seguir la línea del morbo es sencillo pero sobre todo peligroso,
porque presta a que se llegue a una falacia, un silogismo totalmente
equivocado: hay manifestaciones + hay actos de violencia = las manifestaciones
son vandálicas y deben ser suprimidas en su totalidad. Suena absurdo, pero
quiero insistir al lector que todo esto lo baso de observaciones personales.
c)
Desconocen los
principios básicos de libertad de expresión, de manifestación y las
definiciones al respecto de los organismos internacionales así como de la
Suprema Corte al respecto. Creo que en ese caso no debo ser muy específico,
prefiero en un acto atrevido de mi parte, exhortar a quienes caen en este punto
a realizar su propia investigación con los parámetros que compartí para que
puedan convencerse de su error. Sólo así podré satisfacer el objetivo de mi
columna.
4) ¡Todo este
desmadre (actos de violencia) es por Ayotzinapa! ¡Eso les dio cuerda a los
revoltosos!: Esta oración hueca y carente de profundidad, es una extensión
del punto anterior. Digámoslo así: al verse sin argumentos después de refutar
el punto anterior, esta es la contestación inmediata. Sólo quisiera compartir
algo: ¿en serio los actos de violencia son por Ayotzinapa? Analicémoslo bien
porque se usa una palabra muy peligrosa: ¿“todo” este desmadre es por
Ayotzinapa? ¿Todo? Como lo dije en el punto anterior, no soy duro con quienes
llegan a esa conclusión, siempre tienen razones de fondo que los hace compartir
ese tipo de statements. Ahora parece
que todo es culpa de Ayotzinapa, que si se me olvidó hacer la tarea ¡Ayotzinapa! Que si tiré el café en mi libro ¡Ayotzinapa! Que si me dio gripa ¡Ayotzinapa! No encuentro
mis llaves ¡Ayotzinapa! Así parece ser, en la voz de los disidentes al
movimiento (me entristece saber que los hay). Ante todo esto contestaría con
otro ejemplo de aplicación: imaginen una nota en La Jornada como la que sigue:
SINARQUISTAS QUEMAN INSTITUTO JUARISTA
DURANTE LA PERGRINACIÓN A LA BASÍLICA
13 de diciembre, 2014
Redacción
Un grupo de autodenominados sinarquistas irrumpieron la tarde de ayer, alrededor de las 18:00, en las oficinas del Instituto Juarista de la delegación Gustavo A. Madero. Entre los destrozos hechos están: la puerta principal que fue incendiada, archivos históricos que datan del siglo XlX, todos quemados también, tres vidrios rotos y en las paredes del interior frases en grafiti que se leen: “MUERA EL SECULARISMO VIVA LA GUADALUPANA”.
Posteriormente, cercanas las 19:00 horas y después de una llamada anónima, 200 elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) tuvieron un enfrentamiento con los agresores, quienes les arrojaron piedras tratando de repeler los gases lacrimógenos de los uniformados. Al final del día, el reporte dio como resultado: tres policías que se reportan de gravedad en el Hospital ABC Observatorio y un sinarquista detenido.
“Esto siempre pasa
cuando van a la peregrinación” nos comenta Azucena Sánchez, una testigo de los
hechos. “Es increíble, yo no pude llegar al trabajo por el tráfico y encima de
todo: estos fascistas fanáticos hacen sus destrozos. ¡Todo por la Guadalupe!”
¿Entonces todo es culpa de la Virgen de Guadalupe? ¿Todo es culpa de Ayotzinapa? Ni una ni la otra. Los grupos radicales, quienes al parecer nunca tienen algo mejor que hacer, aprovecharían cualquier circunstancia para generar violencia. La causa es lo de menos. Pudo ser Ayotzinapa o la Guardería ABC, no hay diferencia. Este tipo de generalizaciones y linchamientos hacen que la gente caiga en el error de que todo lo que le siga a los hechos de Iguala debe ser, por obviedad, la causa Ayotzinapa. Justo hace unos días tuve una discusión en donde, se culpaba al movimiento por los bloqueos en la carretera México-Cuernavaca el pasado 14 de noviembre, cuando en realidad se trataba de pobladores de Huitzilac –del estado de Morelos- que recriminaban el secuestro de la sobrina de un regidor. Quiero hacer un paréntesis aquí, no justifico el método de protesta. Lo que intento generar es la conciencia de que se cae en el error de vincular hechos separados y asilados, como lo son los actos vandálicos que a los que ya me referí.
El linchamiento, la cólera y la rabia nunca serán insumos
para un análisis. Lo dejo para la reflexión.
5) Este caso está
desviando la atención de otros acontecimientos. ¡Cortina de humo!: ¿No es tu deber como buen ciudadano mantenerte informado?
¿Por qué culpar a X o Y porque tú ya no sabes qué más pasa? Concedo, que el
tema Ayotzinapa ha generado mucho ruido desde el pasado 26 de septiembre, pero
hay que entender también las razones de esto: hablamos de 43 desapariciones
forzadas, un alcalde y su esposa, metidos en el narcotráfico al grado de tener
el poder de dar la orden de ejecutar o hacerlo por su cuenta (no olvidemos que
Abarca está en prisión por homicidios que realizó mucho antes que Ayotzinapa),
policías que entregan personas al crimen organizado, un partido (PRD) que por
ineptitud u omisión candidateó a un criminal y por último: un presidente que al
referirse por primera vez al tema tuvo la desdicha de decir que “es un problema
de nivel local”. La ecuación es muy fuerte como para no dejarla de lado por
mucho tiempo.
Ahora bien, estoy de acuerdo que así como Ayotzinapa,
debemos estar alertas por situaciones igual de complicadas como las 22
ejecuciones extrajudiciales en una bodega en el municipio de Tlatlaya, Estado
de México; los cuatro jóvenes –tres de ellos estadunidenses- presuntamente ejecutados
por integrantes del grupo local de seguridad conocido como Hércules, en
Matamoros, Tamaulipas; los cuatro homicidios cometidos en menos de 48 horas en
Ecatepec, también en el Estado de México; las 300 inexplicables desapariciones
en Allende, Coahuila que desde el 2011 no hay indicios que sugieran un desahogo
en las investigaciones; los cuerpos encontrados en las fosas clandestinas de
Guerrero que si bien no son los normalistas, la pregunta lógica es ¿quiénes son?
En fin, son tiempos oscuros para el país, no me queda la menor duda.
Ayotzinapa sigue y seguirá siendo un llamado a la
reflexión de todos los mexicanos, porque no sólo fue el Estado. Nosotros
también dejamos pasar lo que a todas luces se pudo haber evitado. El resultado
de todo esto ya lo conocemos: 43 familias destrozadas y un aire de
incertidumbre que nadie puede evitar. Como dije: son tiempos difíciles, como
sociedad estamos a prueba para poder sacar la situación adelante. De no ser
así, no descartemos que hechos como Tlatlaya, Matamoros, Ecatepec, Allende o
Cocula-Iguala vuelvan a suceder, frente a nuestras narices, una y otra y otra
vez.
Este texto me causa sentimientos encontrados, bien por los puntos pero distanciarse se otros tipos de lucha en donde la quema de bienes de empresarios que han costeado a grupos paramilitares y que desde su poder económico han propagado linchamientos contra normalistas y manifestantes, es simplemente no entender que también hay otras maneras de luchar, hay personas que como tu, están lejos de la urgencia de un cambio y eso es un privilegio, otros como la gente de Guerrero no tienen ese privilegio, viven a merced del Estado y sus narcos y saben bien que gente de dinero esta con ellos, por lo tanto quemar sus propiedades es un acto consecuente a su urgencia y es pelear contra un narco-estado que no se toca el corazón para usar violencia.
ResponderEliminarEn el DF la cosa es distinta pues los actos como la quema del turibus y la puerta del palacio, son actos vandálicos y de infiltrados del gobierno, no toda la lucha es igual y no toda la violencia lo es tampoco.
Y no, nosotros como sociedad civil o al menos muchos no compramos esa idea de que "Nosotros también dejamos pasar lo que se pudo haber evitado" perdón pero para mi y para muchos otros, la represión no es nada nuevo y lo hemos venido señalando una y otra vez desde distintos tiempos y foros.