El
viernes pasado (13 de junio), fue instaurada la Comisión de Familia y
Desarrollo Humano en el Senado de la República. Si dejo hasta ahí mi escrito
parecería que no existe nada malo o cuestionable con esto, sin embargo, fueron
las declaraciones del presidente de la nueva comisión –el panista Jose María
Martínez Martínez- las que hicieron que la polémica naciera.
Durante su alocución, el senador Martínez declaró tajantemente: “La importancia de esta Comisión radica en los retos y desafíos que hoy tiene la familia. La familia que conceptualmente hoy no tenemos una distinción que cuando menos jurídicamente nos armonice el sentir o los sentires de todos los mexicanos en concreto respecto del modelo que nosotros queremos. Hoy los legisladores se han pronunciado por un concepto, hoy la Corte ha metido de más su criterio, y discúlpenme mi atrevimiento, en términos de la familia, y hoy algunos estados, en concreto el Distrito Federal ha ido más allá, ha ido incluso a través de modas, tendencias, tratando de adoptar este modelo de familia, sin que ello nos signifique a la mayoría de los mexicanos”.
Como
era de esperarse, y me alegro que así haya sido, hubo una fuerte reacción por
parte de las redes sociales para contestar las palabras de Martínez Martínez (nacimiento
del hashtag #YoNoSoyModa por parte de
grupos de familias homoparentales) quien también equiparó al aborto con la
muerte e incluso -en una entrevista concedida al periodista Carlos Puig- aceptó
que las mujeres que abortaban eran asesinas. El descontento también se hizo
presente en un fuerte e incisivo comunicado del Consejo Nacional para Prevenir
la Discriminación (CONAPRED) que entre otras cosas decía que: “el discurso (del senador) demuestra que la nueva Comisión será
presidida por un senador que desconoce abiertamente los compromisos que México
ha contraído para respetar, garantizar y proteger los derechos humanos con el
fin de promover una agenda antidiscriminatoria”. Este posicionamiento fue
homologado por el Senado de la República quien inteligentemente se deslindó de
las posturas del panista.
Fue
hasta el día martes 17 de junio que la presidente de la Comisión de Derechos
Humanos en el Senado, Angélica de la Peña reprobó los sucesos en conferencia de
prensa y acompañada del actor Felipe Nájera y su esposo Jaime Morales quienes
portaban en sus sacos el signo del triángulo rosa invertido, distintivo
de los campos de concentración nazis para los homosexuales. De la Peña comparó
las actitudes del panista con las del comandante en jefe de las SS (escuadra de
defensa nazi), Henrich Himmler, quien
creó un comité para perseguir el “homosexualismo
y a las mujeres que abortan”.
No
es para menos que esta polémica haya sido detectada a tiempo en el radar de la
opinión pública mexicana. Tanto a nivel nacional como internacional la
comunidad LGBT así como los grupos feministas han hecho una incansable lucha
para ganar terreno en materia de derechos humanos. Es la actitud conservadora y
bizantina del senador el tipo de posicionamientos que deben de ser poco a poco
borrados de la mentalidad social a través de información y una debida enseñanza
del sentido de la igualdad. Extinguir el gen del “macho mexicano” que no le
abre la puerta a quienes son diferentes y somete a las mujeres sin entender la
complejidad sociocultural en la que se han tenido que desenvolver desde tiempos
memorables.
El
tema de la interrupción legal del embarazo, la unión civil de personas del mismo sexo así
como la adopción homoparental no debe cerrarse al diálogo, es sano para toda
democracia liberal. Lo que se debería de evitar es, como mencionó la CONAPRED
con respecto al senador Martínez, gastar “recursos
públicos para discriminar, impulsar una postura religiosa particular y
pretender pasar por ‘moda’ aquello que es obligación del Estado”.
Aunque no es de sorprender el complejo político-religioso del presidente de la Comisión de Familia y Desarrollo Humano, fue precisamente el ex presidente Felipe Calderón quien mandó a una controversia constitucional a las modificaciones al Código Civil de la entidad aprobadas por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que abrían la puerta al matrimonio igualitario así como la adopción. Más allá de que por la vía formal esta acción fue tomada por la Procuraduría General de la República, era conocida e incluso pública la postura del ex mandatario. A pesar de esto, la Suprema Corte puso punto final en el asunto al establecer como constitucional al matrimonio y adopción entre personas del mismo sexo, reconociéndoles su validez a nivel nacional y que el tema específico de la adopción estaba apegado a la Constitución.
Aunque no es de sorprender el complejo político-religioso del presidente de la Comisión de Familia y Desarrollo Humano, fue precisamente el ex presidente Felipe Calderón quien mandó a una controversia constitucional a las modificaciones al Código Civil de la entidad aprobadas por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que abrían la puerta al matrimonio igualitario así como la adopción. Más allá de que por la vía formal esta acción fue tomada por la Procuraduría General de la República, era conocida e incluso pública la postura del ex mandatario. A pesar de esto, la Suprema Corte puso punto final en el asunto al establecer como constitucional al matrimonio y adopción entre personas del mismo sexo, reconociéndoles su validez a nivel nacional y que el tema específico de la adopción estaba apegado a la Constitución.
La
misma actitud de inclusión jurídica tuvo la Suprema Corte al haber declarado al
aborto como constitucional hasta antes de la semana 12 de gestación en el año 2009. Esto en apego a los estándares
científicos internacionales que reconocen que para tal punto el sistema
nervioso del feto todavía carece de desarrollo, rompiendo con esquemas
religiosos que tocaban el tema de “contar con un alma” y cuyas repercusiones
perseguían a las mujeres que abortaban como criminales lejos de comprender las
críticas vivencias que tuvieron para llegar a esa decisión. José Miguel
Vivanco, entonces director de la División de las Américas de Human Rights
Watch, declaraba al respecto: “Esta
decisión asegura que México está observando la legislación de derechos humanos
fundamentales (…) la despenalización
del aborto salva las vidas de las mujeres y respeta su igualdad y autonomía.
Aplaudimos la decisión de Corte y esperamos que otros gobiernos en toda América
Latina tomen nota”.
Es
importante recordarle a los legisladores y políticos que respaldan las
declaraciones de José María Martínez, que el aborto con excepción de los
estados de Guanajuato, Guerrero (pronto se discutirá la modificación en el
congreso local) y Querétaro es aceptado en casos de: violación a la mujer,
malformaciones del producto y/o cuando hay riesgos en la vida de la mujer. Refrescar
sus memorias y comentarles que hay todo un proceso democrático federalista en
donde cada entidad de la República puede legislar al respecto y no se necesitan
comisiones con el fin de desvirtuar el debate y tener una sola visión con
respecto a qué familias son “normales” y no son “moda” así como el mismísimo
derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo. Restregarles lo que
menciona el artículo 24 de la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH),
la resolución AG/RES. 2435 (XXXVIII-O/08) de la Organización de Estados
Americanos, la Declaración de la ONU
sobre orientación sexual e identidad de género (de la que México es firmante) y
la modificación del año 2011 en el artículo 1 de nuestra Constitución, todas
estas disposiciones arropando a esas familias que el senador tachaba como “modas”.
Mientras
que el senador Martínez y el séquito de legisladores que han dado espaldarazo
de sus homofóbicas y machistas actitudes (ah, también recomiendo ver la
prepotencia que expresa en redes sociales con su cuenta @ChemaMtzMtz) no pida
disculpas ante su evidente error de concepto esta columna será evidencia de mi
respaldo al resto de la sociedad civil, la comunidad LGBT y agrupaciones
feministas en favor de la decisión que se han sentido en ofensa. El debate,
insisto, seguirá abierto como lo requiere cualquier atmósfera democrática pero
siempre y cuando los fundamentalismos o prejuicios religiosos queden fuera de
la mesa.
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