viernes, 4 de octubre de 2013

Momentos de crisis

“Desatan violencia bandas anarquistas”, “Desatan violencia […]”, “Desde el martes prepararon ataque con manuales”, “vándalos” por aquí, “encapuchados anarquistas” por allá. Son estas las primeras planas y las denotaciones usadas por algunos periódicos –los más importantes y me ahorro la necesidad de mencionarlos-  nacionales el día 3 de octubre del 2013. Como podrán notar, el discurso de señalamiento que ha llegado a un punto de asimilar una cacería de brujas auténtica, se ha mantenido como una constante, como he reiterado en ocasiones incansables a través de diferentes plataformas. Si bien ya  no es sorpresa que los medios tomen el rol equívoco de un juez, la reacción mediática que hubo a partir de los sucesos del 2 de octubre pasado hace que la situación termine por ser más crítica todavía, puesto a que ya no sólo hablamos de una falta de  objetividad al dar la nota, sino de una falta de solidaridad hacia el gremio periodístico, a continuación explico en breve el porqué.

Como es de todos sabido, hace dos días se conmemoró la marcha del 45 aniversario del episodio conocido como la Matanza de Tlatelolco, hecho trágico y detonante para la evolución democrática(muy lenta podría agregar) de nuestro país en los tiempo del autoritarismo pos revolucionario. Lo que pasó durante el pasado miércoles, también es del conocimiento de todos: lamentablemente y una vez más, el espíritu de recuerdo, empatía y de un legítimo derecho de expresarse se vio frustrado ante hechos aislados de  violencia causados por grupos minoritarios, presuntamente infiltrados. Una historia que ya hemos visto, tal y como la caída de la hoja de un árbol desvía la atención del observador hacia el mismo, estos pequeños grupos, quitan la esencia de éste y cualquier otro reclamo social desde las calles. Dando pie a que los medios estigmaticen una y otra vez, desenfrenadamente.

¿Pero qué fue diferente este 2 de octubre en particular en comparación a cualquier otra protesta anterior? Resulta, que gracias a un trabajo puntual de la ONG a favor de la libertad de expresión, Artículo 19,  cuyos colaboradores pudieron participar como simples y objetivos sinodales de la marcha; se pudo documentar lo que pasó detrás de la cortina el pasado miércoles. El reporte consta de testimonios, imágenes y declaraciones que dejan al descubierto aquello que los medios han querido evadir dentro de su análisis durante las diversas manifestaciones sociales, y que los  defensores de los derechos humanos hemos señalado desde nuestras trincheras: la paupérrima actuación de nuestro cuerpo de seguridad en la ciudad. El operativo titulado #RompeElMiedo se resume en las siguientes conclusiones que comparto en seguida con ustedes: (http://articulo19.org/rompeelmiedo-documenta-violencia-durante-marchas/).

Como se puede apreciar, casos como los que ocurrieron el primero de diciembre del año pasado, dígase detenciones arbitrarias y brutalidad policial, se extienden ya no sólo a civiles sino a colegas periodistas cuyo único crimen fue ir a cumplir con su trabajo. ¿Por qué esa no fue la primera plana? ¿Dónde queda la ética y la empatía hacia un compañero de profesión? Los errores del operativo policiaco no acaban allí, gracias a una entrevista concedida por el secretario de gobierno de la Ciudad de México, Héctor Serrano, al periodista José Cárdenas; el tema empeoró absolutamente. Utilizando las palabras del secretario capitalino, el cuerpo de granaderos “sólo contaba con sus escudos para protegerse” negando cabalmente el uso de gases lacrimógenos o cualquier otro tipo de arma de disuasión. Orden expresa del Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Ante la insistencia de Cárdenas de que, se  contaba con imágenes en vivo que desacreditaban los dichos de Serrano (http://www.sinembargo.mx/wp-content/uploads/2013/10/balas-de-goma.jpg), se limitó en justificar que el uso de gases es algo que “no está prohibido, es algo que está permitido,  pero al final de cuentas se decidió en la mañana que no se utilizará”.  

Esto nos lleva a dos posibilidades: o el secretario mintió o el cuerpo policiaco desacató la orden. Aunado a esto, que es posiblemente el menor de los males, el portal electrónico de El Universal corroboraba lo que #RompeElMiedo dictaminó horas más tarde en su reporte: existía la presencia de personal de seguridad pública vestidos de civil para ejecutar aprehensiones desprevenidas. ¡Así como lo lee!  (http://www.eluniversaldf.mx/home/agarraron-parejo-eran-granaderos-y-policias-vestidos-de-civil-testigo.html)

Para terminar por hacer de este relato crónico una novela de terror –tristeza más bien- las redes sociales jugaron un papel vital de nueva cuenta. Gracias a los videos tomados por ciudadanos presentes en los acontecimientos, la lista de incompetencia de las autoridades siguió en incremento. Una patada brutal a un colaborador del Centro PRODH (http://www.youtube.com/watch?v=_89Z69SUlP4), jóvenes acorralados siendo golpeados con los cascos de los uniformados (http://www.youtube.com/watch?v=FXFhbDp-SPE) e incluso un atentando en contra de una familia (http://www.youtube.com/watch?v=mkR091-G36A), por mencionar algunas de las acciones que fueron subidas a la red.

Todo este panorama me hace llegar a varias conclusiones. En primer lugar, que definitivamente hay una crisis de gobernabilidad en la Ciudad de México así como un cuerpo de policía que deja muchísimo que desear, de eso no me queda la menor duda. Pero esta crisis no deriva de la “extrema tolerancia” que algunos medios pregonan. La crisis, a mi parecer, se basa de una total incapacidad del Dr. Mancera para dirigir la ciudad, esto reflejado en sus variadas indecisiones en los momentos clave. Entre las múltiples intentonas para tolerar las distintas manifestaciones que han habido en los últimos meses y los mecanismos de control  policíacos dirigidos por su persona (pues así se ha afirmado más de una vez), en ambos ha salido reprobado y la incertidumbre sobre qué sucederá es una pregunta que más de uno se ha hecho, al menos yo sí.

Por otra parte, queda claro que la prensa sigue en la misma línea discursiva. Es algo que al parecer resulta mucho más sencillo, dejar a un lado cualquier análisis mucho más profundo como las causas que llevan a una protesta, entender que la violencia existe sí, pero siempre en porcentajes mínimos en comparación de la totalidad de los contingentes inmersos y que si bien estos hechos existen - porque existen- no pueden llevar nunca a una generalización. Es ese tipo de silogismos que no tienen lugar dentro de un periodismo crítico: “hay una marcha, hay un acto de violencia, la marcha es violenta”.

En tercer y último lugar, quisiera hacer un llamado a la reflexión. Es, para el criterio de este columnista, evidente que hay muchos vacíos en el debate. Nadie ha justificado golpes por parte de  manifestantes, lanzamiento de piedras, tubazos, bloqueo permanente de calles, agresiones directas a la autoridad o grafiti en las paredes. Lo que se pide es una prensa que informe, que no ponga etiquetas, que se diga lo que pasa y que sea el público quien genere la llamada opinión pública a la que tanto exacerbamos. Pero lo más importante: igual de mal o incluso peor que todo este enlistado que acabo de hacer, es que aquellos quienes deben salvaguardar a la sociedad e imponer el orden caigan en este tipo de actitudes infrahumanas.

Personalmente, hubiese querido un posicionamiento más fraterno de los medios en cuanto a lo que sucedió el 2 de octubre con aquellos periodistas que resultaron golpeados por integrantes de la policía, en vez de seguir con esa paupérrima campaña de linchamiento mediático que sólo contesta a los discursos de odio de aquellos grupos minoritarios con más odio, odio mediático. 

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