TURQUÍA
Al paso de las semanas hemos visto un desenvolvimiento muy preocupante en los sucesos que se suscitan en Turquía. Imágenes caóticas que conmueven. Una historia de película, de novela. Grupos ecologistas minoritarios que en un gesto desamparado se presentan para manifestarse en contra de una imposición. Un asunto delicado al cual no se hizo, como dictan las democracias liberales más avanzadas, un cuestionamiento a la opinión pública como parteaguas.
El
gobierno encabezado por el Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan, quien se ha
ostentado en el poder por diez años, anuncia con bombo y platillo el inicio del
proyecto de construcción de un centro comercial sobre lo que hasta ahora es el
Taksim Gezi Park. Si bien representa uno de los parques más pequeños de la
ciudad de Estambul, no fue motivo suficiente para que los protestantes verdes
abandonaran la causa de defender el área. La represión dio inicio a
pesar de que en un principio los disidentes eran un grupo pequeño, la policía
hizo uso de gas lacrimógeno y
cañones de agua a presión. Fue esto el detonante para que los jóvenes no sólo
de Estambul, sino de todo el país se sensibilizaran con la causa. Lo que
empezó siendo motivo de unos cientos se convirtió en un solo cuerpo insurrecto
de más de un millón de almas.
Como un
perfecto binomio, a la intensificación de las protestas se agudizaba de manera
alterna la brutalidad policial. Golpes, muertes, lesiones, detenciones
arbitrarias, reporteros a los que se les robaba sus cámaras, una periodista
lesionada de su ojo derecho de manera terrorífica por una bala de goma y
autoridades sin pronunciarse al respecto. Asumiéndose en su papel como el
villano del script al que hago crónica, Erdogan juega el rol del
político: engaña, ilusiona falsamente e impone. Llama terroristas a las juventudes
que se alzan en una sola voz, los critica, asume como posible causa del
movimiento conspiraciones del occidente y amenaza una y otra vez con
reprimirlos con la fuerza pública… y así lo hace. Muestra su indiferencia ante
sus peticiones legítimas (http://static.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2013/06/23.jpg)
y lanza un ultimátum para que se abandone la plaza Taksim, la imagen de un
tirano. Hoy es un hecho que fueron violentamente alejados del epicentro del
movimiento.
Uno, por
supuesto, no se sorprendería al enterarse del manejo de las informaciones
dentro de Turquía con respecto a esto. Circula como prueba más contundente de
la realidad del país bicontinental, el contraste entre CNN Turkey que muestra
las imágenes de unos pingüinos al mismo tiempo en que CNN International
informaba de los hechos violentos entre la policía y los manifestantes. Una
barbarie mediática.
MÉXICO
Del otro
lado del mundo, llegamos a México, con tres eventos que han sucedido de manera
sucesiva en los últimos meses: las movilizaciones del primero de diciembre del
2012 por motivo de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto como titular del
Ejecutivo, la ocupación del lobby del edificio de la rectoría de la UNAM y la
marcha conmemorativa del Halconazo, el pasado 10 de junio.
En los
tres mencionados eventos hubo una constante:la violencia acompañada de un
paupérrimo seguimiento mediático. Para quienes hemos estado siguiendo de cerca lo que
ocurre del otro lado del charco, nos entristece ver que no hay grandes
diferencias medulares con lo que pasa entorno a la protesta social en nuestro
país con respecto al caso turco. Pareciera que vemos un perfecto reflejo: represión, autoridad desmedida,
violaciones a los derechos humanos, sangre, miedo, detenciones arbitrarias,
brutalidad policial, etc.
En un
primer plano, puedo anticipar que de un principio podrá sonar como una locura
lo que establezco en este momento. ¿Cómo es posible que compartamos realidades
con un país en donde hay claros marcos de autoritarismo y un sesgo notable en
la difusión de la información? La misma pregunta haría yo en todo caso.
Si bien no vivimos una realidad en cuanto a régimen político se refiere, siquiera contigua a la del país asiático-europeo (que a mi parecer vive bajo un régimen autoritario), el entorno que envuelve a la protesta y lo que reportan los medios no dista mucho de la actual realidad turca. Así como lo leen.
La
perspectiva que tiene la sociedad mexicana, en su mayoría, sobre quienes se
aglutinan para expresar sus pareceres y así generar una conciencia dialéctica
sobre temas de importancia nacional, normalmente se generaliza hacia lo
negativo. Parte de esta posición viene acompañada de una repulsiva campaña de
los medios que mandan en este país (me evito la molestia de mencionar sus
nombres pues sería un ejercicio que raya de obviedad). Se vive pues, una
manipulación mediática. Que no es nada más que presentar una versión
periodística ante la audiencia como una verdad absoluta, imponer una postura
editorial a las masas al fin de mostrar un solo lado de un hecho cualquiera.
Empecemos
con el primero de diciembre, ¿qué se vio en noticieros y prensa escrita?
“Vándalos” causan destrozos patrimoniales en la Ciudad de México por motivo de
la toma de protesta de Enrique Peña Nieto, a las afueras de San Lázaro. Grupos
de anarquistas graffiteando las calles, policías golpeados, violencia por parte
de un “montón de revoltosos”. ¿Me equivoco? En contraparte, temas más
delicados como la detención de personas que nada tenían que ver con lo acontecido fueron notas secundarias que se
presentaron semanas después. Pruebas nulas de su culpabilidad, errores
garrafales de la PGJDF como el uso de las imágenes de un noticiero de Foro TV y
la postura de Ciro Gómez Leyva como parte de las “pruebas” de la institución (http://www.sinembargo.mx/06-12-2012/452744),
fueron tan solo parte de lo que se fue viviendo posteriormente.
Nadie aplaudió la recomendación de la CDHDF con respecto a las violaciones claras en derechos humanos (http://portaldic10.cdhdf.org.mx/seguimiento/2003/08/25/sere0713.htm) , ya nadie habló de los civiles de guante negro que se veían alado de policías federales, antes y después de la manifestación a través de diversas imágenes (http://www.sinembargo.mx/03-12-2012/449276), ni se quiso poner en primera plana que el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera terminara por admitir que en efecto, hubo arbitrariedades en las detenciones. El tema era solo ese, que aquellos que protestaban eran los “revoltosos”, que todos y absolutamente todos los que estuvieron ahí, tenían como fin último causar estragos.
No hubo
gran diferencia con lo que pasó en la toma del lobby del edificio de la
rectoría de la UNAM. Parecía que los comunicadores dedicaban más tiempo a dejar
en claro que los alumnos del CCH Naucalpan quienes fueron los protagonistas, portaban capucha. Era de vital importancia mostrar que sus
rostros estaban cubiertos, que se llegó a ver aunque sea por un día solamente a
un manifestante del primero de diciembre entre ellos, que todo el edificio
estaba tomado -cosa que era totalmente falsa ya que la toma fue del lobby sabiéndose de antemano que hay siete entradas alternas al edificio- y que los “encapuchados”
se negaban a dialogar, cuando el propósito original era el diálogo.
Una vez
más, el tema en noticiarios y prensa escrita era ese: etiquetar. ¿Se supo que no habían rechazado el plan de clase para los CCH
sino solicitado una diferente alternativa en el programa en donde se incluían
lenguas indígenas en lugar del francés? Para poner la cereza al pastel, una vez
que se liberó el lobby de manera pacífica, la nota eran los disturbios
posteriores. ¿Había forma de saber si eran los mismos estudiantes quienes
apenas unos minutos previos habían abandonado las instalaciones? No la había,
pero la nota no podía ser esa. La indignación, justificada, se dirigía de
manera inmediata hacia los jóvenes que aparecían en cuadro, el error era que el
vínculo inmediato eran los que estuvieron presentes en la rectoría.
Por
último, y como algo más reciente, un déjà vu del primero de diciembre del 2012,
terminó por ser el 10 de junio de este año. Las imágenes en la televisión
muestran a jóvenes golpear al cuerpo de granaderos, aventar piedras, generar
intimidación física y verbal. Mientras que las evidencias que mostraban que
nuevamente, la mayoría que integraba al contingente intentaba de manera inútil,
calmar a los alborotadores y que se detuvo al activista @Nickops por el simple
hecho de estar grabando lo que acontecía eran de importancia solamente en las
redes sociales, que han venido a ser un medio alterno de información.
Lejos de
que el valiente “teacher” y el resto de los periodistas de la élite mediática
cuestionaran el por qué no se detienen a los que claramente generaban violencia
en los videos mostrados a sus millones de televidentes, los inocentes que
pagaban los platos rotos y el modus operandi, que violaba a los derechos
humanos de la misma forma en que los manifestantes agresivos lo hacían (https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=5YGI3A3MpVE), no era
de su incumbencia, su foco de atención se concentraba en eso…estigmatizar,
generalizar.
Si bien
lo que vemos en Turquía son eventos desafortunados que han llamado la atención
de los reflectores del mundo, el análisis minucioso nos muestra que en efecto,
hay puntos en específico en donde no podemos decir que estamos en una marcada
diferencia de realidades. No hay una gran discrepancia entre ocultar la verdad
y mostrar una parte de ella. O bien, mostrar lo que se quisiera visualizar de
ella. Mientras nos sentimos tocados por las deleznables actuaciones de la
fuerza pública comandada por Erdogan, no podemos olvidar que la Policía Federal
no tiene tampoco buenas cartas que jugar a su favor y que si bien no vivimos en
una dictadura, sí existe un monopolio imperial con el poder de posicionar
“buenos y malos” en el script mexicano
NOTA: .
*Se ampiará sobre el tema de Turquía en columnas posteriores, el Ahuizote da enfásis a política mexicana*
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